Una inmensa tempestad,
ha azotado mi vida,
grandes fueron las heridas,
experiencias lacerantes.
Hoy sigo adelante,
gracias Cristo de la Gloria!
otra pudo ser la historia,
te lo cuento enseguida.
Por poco pierdo la vida,
como ave en un pantano,
aquel hombre con sus manos,
mi garganta así apretaba.
Endeble, pues no respiraba,
sentía mi pulso menguar,
pensaba iba a terminar,
mi cuerpo en un catafalco.
Me llene así de espanto,
no me podía incorporar,
vi pues a mi hija llorar,
como cachorrito sin madre,
cuando ella vio a su padre,
tratándome de matar,
e impidiéndome avanzar,
a experiencias más sublimes.
Sin embargo Cristo vive!
en mi ser vive ya,
profunda es la realidad,
mis pasos va a guiar.
No me quiero refugiar,
en las artes mágicas del ocultismo,
mucho menos en el espiritismo,
ni en los signos del zodiaco.
Mis lágrimas hace rato,
Cristo Jesús enjugó,
por Él vivo yo,
te lo digo con holgura,
Su Palabra es mi locura,
en la senda voy avanzando.
Las heridas van sanando,
ya no las voy a recordar,
sólo le quiero cantar,
deleitar con mi talento,
brindarle al mundo un concierto,
de melodía celestial.
Por: Ángel L. Rivas Muñoz ©
viernes, 5 de octubre de 2007
Nueva Vida
Publicado por
Angel
en
8:45
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