Con tú sangre tú lavaste
mi alma y enseguida,
de ti recibí la vida,
la salvación ya destinada.
Desde el principio ya afirmada,
para todo aquél creyente,
que con conciencia limpiamente,
recibe aquél fiel sacrificio.
De Cristo que cumplió su oficio,
despojándose de su gloria,
para darle la victoria,
al hombre vil pecador,
para ser su salvador,
Maestro, fiel Pastor,
y apacentar con amor,
aquel hermoso rebaño.
Siento ahora con los años,
que esa sangre fluye y fluye,
poderosa y no se diluye,
sanando a todos por doquier.
Al hombre, también a la mujer,
que se acerca a su presencia,
recibe amor y esa es la esencia,
que sale del corazón de Dios!
Por: Ángel L. Rivas Muñoz ©
viernes, 5 de octubre de 2007
La Salvación De Dios
Publicado por
Angel
en
8:24
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